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Compartir, un espacio de y para la lectura. ¿por qué?, ¿para què?, porque
creemos que los que nos encontramos insertos en una cotidianidad, es decir, quienes nos encontramos en medio de las prisas de la vida citadina, de repente solemos
echar de menos un tiempo para detenernos a pensar, a preguntar y compartir , nuestras reflexiones, nuestras dudas, nuestras experiencias, y bien es cierto que hay
momentos o como dijese Graciela Montes, ocasiones en que, nos es
necesario conversar sobre todo ello, pero también sobre los libros que leemos, esto es, requerimos enriquecer nuestra
experiencia, extender nuestra mirada a través del encuentro con
otras y otros interlocutores. Partiendo así lo creemos de una necesidad de
diálogo y búsqueda, inherente a nuestro oficio de educadores, de formadores, de lectores. Por ello lo que propongo, es que procuremos espacios para el encuentro, para el diálogo, para el intercambio, para la lectura,es decir, para leer, para reflexionar,
para discutir en fin en un espacio para la formación. Por que pensamos que
los libros como los puertos son lugares en donde los barcos como los
hombres llegamos para abastecernos, pero también es cierto que, regresamos a ellos
para reparar nuestras heridas, para descansar y para compartir la
carga que traemos. Aunque menester es, dejar claro que los libros no
nos dan nada, ya que somos nosotras, nosotros los que damos y tomamos lo que
necesitamos. Por lo que el ideal así lo creo, sería que todos los
hombres estuviésemos amarrados a los libros como un barco se halla a un
muelle, porque allí es en donde uno se abastece para salir a navegar. Para ello, requerimos recordar a Don Alfonso Reyes, cuando
señalaba que ”…sin
cierto olvido de la utilidad, los libros no podrían ser apreciados”.
Porque sabemos que la apetencia por los libros es algo que no todo
el mundo tiene, esto es, la experiencia de las personas con los
libros, sigue siendo pobre, más no necesariamente de los pobres 2
, ya que, lo mismo abajo que en medio y arriba, hoy es día que mucha
gente no sabe que hay libros que pueden salvarnos la vida, o
contribuir a la reconstrucción de uno mismo después de una pena de
amor, de un duelo, de una enfermedad, en fin , - de toda pérdida que
afecta la imagen de uno mismo y el sentido de la vida-. Pero podríamos
preguntarnos ¿para que leer? ¿para qué sirve la lectura? Y podemos
quedarnos de una pieza ante la confesión de que leer no sirve para
nada. O que probablemente y en realidad la respuesta es más sencilla de
lo que creemos y constituye un escandaloso lugar común. La lectura
sirve para
comprender. 3
Y esto es así, porque sucede que el hombre es un ser de tal índole que no
puede vivir sino comprende la vida, su vida. Pero sucede también que
la lectura es una comprensión en la que el lector o la lectora desempeña un papel esencial . Por eso les propongo no les
impongo, porque el placer obligatorio como el amor impuesto son los
medios más eficaces para quitar el apetito e incitar deseos muy
distintos.4
De manera tal que sólo esperamos que nuestra obstinada esperanza de
que la lectura guste a los otros, no se convierta en una causa más
del rechazo, y más cuando en este tipo de espacios rara vez se vive la lectura como un placer5.
Si la experiencia es lo que nos pasa, o lo que nos acontece, o lo
que nos llega. No lo que pasa o lo que acontece, o lo que llega, sino
lo que nos pasa, o nos acontece o nos llega. Porque cierto es que
cada día que pasa, pasan muchas cosas, pero al mismo tiempo, casi
nada nos pasa, y hasta se diría que todo lo que pasa está
organizado para que nada nos pase. Por eso decimos que es incapaz de
experiencia aquel a quien nada le pasa, a quien nada le acontece, a
quien nada le sucede, a quien nada le llega, a quien nada le afecta,
a quien nada le hiere. Porque digámoslo con el maestro Garrido
“…leer
es a veces aprender, incorporar a nuestra conciencia, hasta
apropiarnos de ella, la información del material leído. Y Otras
veces es formarse, compartir las ideas o sentimientos de un autor y
dar al espíritu propio la forma intelectual o emotiva de aquello que
se lee. Pero también leer es afirmarse, definir la personalidad
propia ante las opiniones de las que discrepemos. Y con frecuencia
leer es enajenarse, salir de uno mismo y perderse en el mundo creado
por el autor de lo que leemos. Aunque bien lo sabemos, olvidarse de
uno mismo cuando se lee es más una manera de encontrase que de
perderse”
Hay un bello texto de Tito Monterroso que vale la pena traer a
colación. En el cual se dice que “Tirada
en el campo estaba desde hacía tiempo una flauta que ya nadie
tocaba, hasta que un día un burro que paseaba por el campo, resopló
fuerte sobre ella haciéndola producir el sonido más dulce de su
vida, es decir, de la vida del burro y de la flauta Incapaces de
comprender lo que había pasado, pues la racionalidad no era su
fuerte y ambos creían en la racionalidad, se separaron presurosos,
avergonzados de lo mejor que el uno y el otro habían hecho durante
su triste existencia.”
Así pues la propuesta esta lanzada, de lo que requerimos es de la
voluntad de quien lea esto para hacerla realidad, esto es, usted
querida lectora, usted querido lector tienen la última palabra.
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